Después de muchos días de preparativos y, como suele pasar en estos casos con muchas cosas aun sin resolver, salimos de Beccar. Ya en Camino del Buen Aire a los 10 minutos de viaje tuvimos nuestra primer parada obligatoria. Un policía acciono ferozmente su pito mientras sus brazos invitaban, por medio de señas a parar. Teníamos conocimiento de algunas cosas que estaban fuera de la ley, por empezar no teníamos VTV (verificación técnica vehicular), éramos seis con solo cuatro cinturones, pero quizás lo peor de todo, el gran desacato a la autoridad, era la caja de madera en el portaequipaje, construida por nosotros mismos, en el techo de la Falcón rural que exhibía además una tabla de surf; también las edades de los tripulantes conquisto definitivamente la atención del señor policía. Situación bizarra, baje del auto con el cinturón en la mano como toda prueba de buena voluntad de instalación, algunos afirmaron que no fue buena idea…
El caso era que el señor perteneciente a una de las instituciones más perversas y corruptas del país declaró: “chicos, acá terminaron sus vacaciones”
El señor policía alias rati procedió a una minuciosa enumeración de las contravenciones, con tono didáctico explicaba al grupo la situación en la cual nos encontrábamos y los costos económicos de aplicar la Ley, y acto seguido “invito” al conductor y dueño del vehículo pasándole el brazo por el hombro, como solo un buen amigo tiene derecho a hacer, a alejarse unos metros para poder “charlar más tranquilos”
La deliberación fue larga, hacia mucho calor. Los cinco restantes quedamos juntos esperando los resultados de aquel encuentro. Evaluábamos que el señor policía era un verdadero desgraciado (sin gracia) cagado de calor un 10 de febrero a las 12hs del mediodía. Razonamos que su trabajo era horrible en una institución oscura y maltratadora por excelencia. En un momento entrecruzamos los brazos entre todos al estilo deportivo antes de salir a jugar, y sentimos la distancia, la enorme distancia que nos separaba de aquel ser que negociaba una coima que, después nos enteraríamos, se comunicaba a través de un código que nuestro conductor no entendía del todo y que fue uno de los factores que produjo la extensión de tiempo de negociación.
Inmensa distancia porque nosotros habíamos dispuesto todo para fugarnos de las instituciones, para respirar aire puro, para probar hacerle caso al deseo de hacer lo que uno siente profundamente…
El señor policía, que en lo sucesivo denominaremos el señor “P”, como decía el señor P repetía a nuestro amigo: “tenes quinientas formas de solucionar este problema”. Nuestro conductor nos contaría luego que en el momento repetiría mentalmente la frase muchas veces hasta que por fin saldría de su boca: “No. Tengo cincuenta formas de resolver este problema” bajando la cifra diez veces a la propuesta por P.
Tras volver a salir se libro una deliberación, básicamente nos planteábamos la institución de P, la coima dada a P para continuar el viaje, en este sentido una discusión ética sobre sus condiciones laborales, muy ilustrativa la película “El Bonaerense”, viene al caso mencionarla.
En lo que a mi respecta me parece muy interesante las formulas de persuasión que utilizo, la observación que realizo, sus formas de proceder, su leve sonrisa, en síntesis, creo que es tema para Sociólogos y Psicólogos y merecería un profundo análisis que dejaremos para otra ocasión…
Un movimiento interesante produjo nuestro conductor y fue este: convocar a P mas allá de su rol, convocarlo como ser humano citando las razones que darían sentido al procedimiento de P. Original, creo, y aunque suene ridículo, la mayoría de los mortales no tendríamos la ocurrencia de explicarle que si el caso era “nuestra seguridad” como lo más importante, el vehículo estaba chequeado (lo cual era cierto) por los pertinentes mecánicos, que si su preocupación era el auto, este estaba en condiciones, ya que P había hecho hincapié con insistencia en la falta de VTV.
“¿Usted no cree en la palabra?” sentenció nuestro amigo… ahí fue cuando P hizo una especie de mueca, algo parecido a una sonrisa despectiva y acto seguido paso el brazo por el hombro de nuestro amigo, que imagen tan desagradable (no es casual que en ese exacto momento haya consumado tal acción) y como quien debe encargarse de dar a luz una noticia transcendental, se llevo a nuestro amigo.
Moffatt dice que hay diferentes abrazos, básicamente tres:
El de los señores P (eminentemente represivo)
El de los políticos “P1” (frunciendo la nariz, como oliendo mierda)
El de las madres (no hace falta explicación, no sean salames)
Si ya sé, el señor P y las instituciones merecen capitulo propio y el caso es que este viaje siguió por la Ruta 7.
La próxima parada fue Rodríguez. Tras llenar el tanque pudimos detectar una manguera rajada que perdía nafta. Luego el viaje siguió accidentado, rompimos una cubierta y cuando paramos a reparar la primera vimos un segundo neumático también roto -calculamos por acción del sobrepeso que el Falcón llevaba- . Por la noche llegamos a Ruffino… empezábamos a entender algunas cosas:
No había sido buena idea salir sin VTV aun yéndonos a la brevedad del país.
No íbamos a salir a la brevedad del país ni estar en Chile en dos días como lo habíamos planeado.
No íbamos a avanzar a razón de 800km por día.
Evidentemente el viaje tenía un ritmo diferente al que uno esta acostumbrado